Analizando la historia de la Lechera

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Cuando yo era pequeña y tenía unos 5 años, mi padre,  muy aficionado a filmar sus cortometrajes y películas familiares con el tomavistas de cine, hizo una minipelícula sobre el cuento de la lechera poniéndome a mi en el papel estelar… ja, ja, yo era “La lecherita”. Por aquel entonces él usó una grabación sacada de un disco-libro para la narración del cortometraje y su banda sonora. Hace tiempo que me apetecía subir esta peli a YouTube y compartirla con el mundo, ya que es una pequeña joya que a muchos les puede interesar, pero tenía que cambiarle todo el sonido y re-editarlo para que quedara como a mi me apetecía y libre de problemas de copyright. Así que reescribí el guión, basado en un cuento de Samaniego, según unos, o en una fábula de Esopo, según otros, pero manteniendo la esencia de la historia.

Le pedí a mi padre que me grabara la voz del narrador y yo me atreví a interpretar con mi voz los pensamientos ensoñadores de la lecherita. Añadí música clásica como ambientación, que creo que le queda muy bien, la bucólica melodía de “La mañana” de la obra Peer Gynt, de Grieg y la famosa marcha nupcial de la obra “Sueño de una noche de Verano”, compuesta por Mendelssohn. El resultado es el pequeño video que podéis ver aquí arriba si le dais al “play”!!!

De muchos es sabido que la Lecherita es una ensoñadora muchacha que construye su futuro imaginando todo lo que podrá lograr tras vender el cántaro de leche que lleva sobre su cabeza. Camina hacia el mercado imaginando riquezas futuras que, finalmente, se van al traste cuando el cántaro se le cae debido a su excesivamente alegre caminar… Quiero aquí aclarar que hay varias versiones de este cuento en las que varía el tipo de pensamientos de la muchacha y la forma en que le cae el cántaro o cubo de leche, pero yo he mantenido la versión sobre la que se hizo mi película.

La moraleja de la historia es:

De ahora en adelante, lecherita, aprende a controlar tus emociones con mesura y no tengas toda tu atención enfocada en un bien futuro, cuando ni siquiera el presente tienes seguro.



Quisiera aquí analizar brevemente el significado de esta moraleja. Por mucho cariño que yo le tenga a este cuento, por lo que significó en mi infancia, no puedo estar más en desacuerdo con lo que la moraleja de este cuento nos quiere enseñar, al contrario que con las moralejas de otras fábulas con las que sí suelo coincidir. La conclusión de que, para la lecherita, es mejor no soñar e imaginarse un futuro próspero porque todo se puede ir al tacho en cualquier momento, desde mi punto de vista, es parecida a decirle “No vayas en avión porque se puede caer”. Además, la conclusión también viene a decirle algo así como “Ya te has quedado sin tu cántaro de leche y ya vas a ser una desdichada toda tu vida”, en vez de animarle a probar mañana cuando vuelva a ordeñar la vaca y tener un nuevo cántaro de leche que vender, pero ya sabiendo que es mejor que no salte por el campo para evitar que se le caiga otra vez. En vez de decirle “Lecherita, cuando vuelvas con tu próximo cántaro ya sabes que tienes que tener cuidado con que se te vuelva a caer”… no, la moraleja es totalmente negativa y castiga la próspera imaginación de la protagonista del cuento.

No sé yo si ver cierto machismo en esta historia. La lecherita nos ha salido una gran emprendedora que sueña con prosperar y ser la dueña de su vida… pero, según el narrador, ella no merece eso, merece quedarse cuidando de sus cosas y no soñar con conseguir mejorar su vida: “Asegura tu presente y no anheles riquezas futuras”. Me pregunto si, de ser el protagonista de esta historia un lechero, le habrían aplicado la misma moralina o le hubieran invitado a seguir luchando por sus sueños y no dejarse desanimar por este tonto percance.

La lecherita, por otro lado, tampoco anhela dinero fácil ni rápido, sino que va pensando en cómo forjarse su futuro poco a poco, primero compra los huevos, luego cría los polluelos y los vende, luego va a por el cerdo, etc… así que tampoco es como para echarle en cara que quiere hacerse rica rápido y sin trabajárselo.

Yo estoy convencida de que las grandes cosas en esta vida sólo se consiguen soñándolas y construyéndolas en nuestra cabeza antes de hacerlas realidad. Si no fuera porque alguien soñó que se podía volar en una máquina, no tendríamos aviones; si no fuera porque varias personas se empeñaron en que podríamos hablar desde una esquina a la otra del mundo, no se habría inventado el teléfono, se llegó a hacer porque alguien lo creyó posible y no paró hasta conseguir que funcionara, y así con todo.

Si no tienes proyectos y sueños y no luchas por conseguir algo a corto plazo o te pones una meta a la que llegar, no irás nunca a por ello y te quedarás estancado. Si la lecherita no piensa en que vendiendo la leche puede prosperar y se contenta con que el dinero le dará “para ir tirando”, lo único que conseguirá es eso, “ir tirando”. La moraleja del cuento es esa: “no seas soñadora y céntrate en el presente o nada será como lo planeas”. Pero esa no es la moraleja que yo le pondría, para mi la lecherita debería ser más como Escarlata O’Hara, enjugarse las lágrimas y decirse “Después de todo, no pasa nada, mañana será otro día y tendré otro cántaro de leche para vender, pero iré con más cuidado por el camino”… ese es el verdadero final que me hubiera gustado para este cuento.

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